La inspiración es bienvenida, pero no es un plan. Los libros se terminan con rutina, no con rachas.
- Misma hora, mismo lugar: que tu cerebro sepa que toca escribir.
- Una meta pequeña y diaria: párrafos, no capítulos.
- No edites mientras escribes: primero el barro, luego la escultura.
Una página al día son más de trescientas al año. La constancia vence al talento que no aparece.